viernes, 2 de marzo de 2012

El Loco











Hurgando con avidez el muladar del mercado, estaba el loco una vez buscando un rico bocado. Tres perros en compañía que reñían por un membrillo, El Loco ni los veía por guardar en su bolsillo media mazorca cocida con algunas dentelladas; una naranja podrida y de postre una empanada.

El Loco no tiene un hogar y nadie sabe su nombre, se confunde al caminar; hoy niño, mañana hombre. Parchado de cicatrices, huellas de supervivencia, si lo insultan nada dice; por cortes o de impotencia. 

-¡Vete, Loco, que tu apestas, hay moscas por ti en mi expendió!- El Loco se lleva a cuestas tan familiar vilipendio.
-¡ Ahí viene El Loco, mama, abrázame que tengo miedo!- El Loco no sabe hablar, su lenguaje esta en los dedos.

Nunca faltan los granujas que de bromas lo hacen blanco - ¡Loco, corre que una bruja te va a convertir en sapo!- 
- Loco, bebe esta botella- Se la bebe de un buen trago, en un rato zigzaguea. 
-¡Mira al Loco, esta borracho!-

En las fiestas es primero, es también quien las clausura, su tacuche de cien huecos no le resta galanura. De repente en el expendió del tendero que lo pulla, se levanta un gran incendio y sin para, El Loco, corre a la bulla.
-¡Se esta quemando mi niña. Necesito de su ayuda! - Pero nadie en aquella villa seria persona ruda que traspasara la hoguera y ponga en riesgo su vida. Mas El Loco ya no espera y entra a la casa encendida. Aquel Loco, como un loco, entre manjar y mercancía, entre vigas y entre escombro y heridas que le dolían; busca a la niña llorosa en las llamas de ese infierno, su dolor solo lo esboza aunque ya se sienta enfermo. Su esperanza se calcina cuando a lo lejos vislumbra muy cerca de la cocina, con el fuego que lo alumbra, a la niña tirada en bruces con su muñeca abrazada. Corrió el loco entre las luces, con las plantas de los pies ya muy quemadas, la puso fuerte en su pecho, la cubrió con una manta y con su pulgar derecho busco un signo en su garganta. 
La pequeña abrió los ojos, poquito a poco se despierta, volteo los ojos muy rojos y vio a su muñeca muerta. Con su dolor, que no es poco, y un silencio que no aguanta le pregunta -¿Tu eres El Loco o mi ángel de la guarda? - 
El Loco le dio un besito, después la puso en su espalda y corriendo sin un grito busco la puerta que salva. Lenguas de fuego escupían los caminos que sorteaba, pero El Loco ya no sentía los carbones que pisaba. El Loco no hallo la puerta, pero encontró una ventana, la escala con niña a cuestas y lanzándose entre llamas salvo a la niña llorosa y en afónico quejido pide el agua de una fosa para calmarse lo herido.

-¡Hija, hija, gracias a Dios!- Clama feliz el tendero, toma a la niña y su voz al Loco va con esmero. -¡Perdona Loco, perdón¡ Te ofrezco mi mano- Dijo - Desde hoy mi corazón ya te siente como un hijo.-

El Loco no respondió, su cuerpo yacía inerte. Todo el pueblo lo lloro, lloro como nunca una muerte. El murió y en su bolsillo tenia su cena guardada, no comerá ese bolillo que salvo de la tienda quemada. Ella, la niña, le dio un dulce beso en su rostro derretido, elevo al cielo su oración diciendo así con sentido:

-Recibe al Loco Señor, en tu bello paraíso, que sea un ángel de amor por las cosas buenas que el hizo. Nunca supimos su nombre, ni de donde vino tampoco, solo supimos de un hombre al que todos llamamos ... El Loco.

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